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Hi, I'm Victoria Grenz, mejor Viqqi, tengo 22 años, me fascina escribir, diseñar, crear e inventar. Estudio diseño de indumentaria. Escribo novelas y diseño páginas webs. Adoro Harry Potter. Uno de mis autores favoritos es Nicholas Sparks, adoro 'En nombre del amor'. Me gustan los libros de Alyson Noël y P. C., Kristin Cast, Tracey Garvis Graves, Jane Austen, Jonh Katzenbach, Suzanne Collins.. Lloro cuantas veces veo Titanic. Adicta a las series; PLL, La ley & el Orden, Revenge, The Flash, The Middle, Girls, Arrow, TVD, GLEE, Once Upon A Time, Downton Abbey, Revolution, Ravensood, New Girl, Under the dome, y muchas más! Escucho a los Jonas Brothers, Miley Cyrus, Taylor Swift, Maroon 5, One Republic, The Fray, Imagine Dragons, etc. Creo que ya es mucho, espero que disfruten leyendo mis novelas, siempre he querido cmpartir historias con el mundo, historias que no suelen pasarme pero que en mi imaginación aparecen, sin más los invito a leer mis novelas y que las comenten! :)


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Sus manos.
0 Comentarios entrada de Viqqi.- Publicado el viernes, 6 de diciembre de 2013

13


Las manos. Sus manos. Solo conocía sus manos, era la única parte de su cuerpo que había visto. Era la única que mostraba. No había más en aquella foto. Solo sus manos sosteniendo un ramo de flores, rosas. Unas rosas blancas sostenían sus manos.

Había estado observando esa foto por horas, me había enamorado de sus manos. Eran hermosas, parecían cálidas y suaves, las manos de una delicada mujer. Sus uñas perfectamente esculpidas, pintadas de un rojo carmesí, eran perfectas.

Tenía marcas de la edad, pero eso era lo que más me había gustado, que la mujer dueña de esas manos no se preocupara por ocultarlas, que no se preocupara por ocultar como es en realidad.

Quería encontrar a esa mujer, quería sentir sus manos, quería besar sus manos, acariciar sus manos, vivir con sus manos. Que sus manos acaricien las mías, entrelazar mis dedos con los suyos. Y nunca separarlos.

- Jack, debes ayudarme a encontrarla – supliqué a mi mejor amigo.
- Pero cómo quieres encontrarla, si lo único que conoces de ella son sus manos.
- Debe haber alguna manera, amigo, tiene que haberla – dije antes de despedirme de él para ir a mi casa.

Caminé lento por las calles oscuras, no tenía intención de llegar temprano, no tenía intención de nada, solo de encontrar a la dueña de esas manos que me tenían loco. Caminé pesadamente por la oscuridad que se abría paso ante mí.

Llegué a mi casa y no hice nada, solo me dejé caer en la cama con ropa y todo, sin importarme nada. Busqué en mi bolsillo una copia de la foto donde estaban grabadas para siempre esas hermosas manos, esas perfectas manos, que según mi amigo Jack, nunca las encontraría.

No creía lo que el me decía, si las encontraría y no descansaría hasta tenerlas con las mías. Me dormí y soñé con sus manos. Lo único que veía en mi sueño eran sus manos al igual que en la foto.

Iba de camino al trabajo, lento y sin apresurarme. Miraba las manos de cada mujer a la que veía pasar frente mío. Observaba cada detalle de esas manos, de todas las manos, tenía la esperanza de que alguna de ellas fueran las que buscaba.

Llegué al trabajo y me quedé en mi oficina toda la mañana, tenía que hacer unos trabajos. No me moví de ahí durante unas horas hasta que finalicé mis encargos. Llamé a Marie, mi secretaría, por el teléfono y le pedí que me trajera el almuerzo, ella sabía cual era.

- Aquí tiene lo que pidió – dijo, miré la bandeja tenía rosas blancas. Me quede sorprendido ante aquello, como podía saber ella de la foto, como podía saber que ahora yo amaba las rosas blancas, era imposible.
- Gracias – seguí mirando las flores y cuando apoyo la bandeja en el escritorio, me detuve a mirar sus manos, ya por la costumbre que sentía de observar las manos de todos. Me paralicé al instante, me perdí en sus manos, y sonreí ante ellas. Eran las manos que buscaba. Esas manos habían estado entré las mías siempre. Esas manos trabajaron a mi lado durante diez años y nunca las había observado, nunca me había detenido a verlas.

Ahora las tenía frente mío, las tenía a unos centímetros. Me atreví a llevar las mías sobre las de Marie, y las acaricié suave, ella no retiro las suyas. Sentí una descarga eléctrica cuando el contacto se produjo. Solo miré sus manos y nada más.

Me levanté de mi escritorio y caminé a su lado para poder sostener sus manos junto a las mías con más facilidad, solo miraba nuestras manos juntas. Ella no decía palabra, yo pensé que estaría desconcertada ante lo que yo hacía pero no, se separo de mis manos y tomo mi barbilla para levantar mi rostro y que estuviera a la altura del suyo, lo que vi cambio mi forma de pensar.

No eran sus manos lo que yo amaba. Siempre había sabido de quien eran esas manos y ahora que lo había descubierto, sabía que yo estaba enamorado de esa persona, de Marie. Y ella me correspondía, me acerqué a besarla, sintiendo ahora que no solo sus manos, si no todo su ser era lo que yo quería, eran lo que yo amaba.

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